Nos hemos puesto en contacto con Jonathan Teghtmeyer, jefe de redacción de la Asociación de Profesores de Alberta («The Alberta Teachers’ Association»), en Canadá, para pedirle si podíamos adaptar al castellano el editorial «La privatización es el elefante en la habitación» que publicó el pasado 5 de febrero de 2020.

Se trata de un texto muy bien planteado e instructivo que propone cómo contrarrestar los discursos que hablan de la «libertad de elección educativa» para disfrazar las políticas privatizadoras. Lo que expone Jonathan Teghtmeyer es perfectamente extrapolable a la situación de la educación pública española (mucho más deteriorada) por las políticas de privatización de conciertos educativos.


El editorial de hoy trata de la «libertad de elección» en educación. Me gustaría exponer un argumento bien razonado y racional sobre cómo deberíamos contrarrestar las narrativas entorno a la elección educativa y enforcarnos en promover un sistema educativo público integral, accesible y cohesionado, pero sé que todavía estás pensando en ese elefante.

Probablemente estás pensando en su piel áspera, las orejas aleteando, las patas gigantescas y redondas y, por supuesto, su tronco largo y robusto.

Ves, es imposible ignorar a los elefantes. Por lo tanto, cualquier cosa que diga sobre elefantes automáticamente conlleva una imagen mental ineludible. Incluso cuando digo que no pienses en ello.

El conocido lingüista George Lakoof en 2004 tituló su libro «No Pienses en un Elefante» sobre encuadre político. En él discute la utilización del lenguaje y las metáforas en los discursos políticos, para evocar marcos morales que se encuentran profundamente interiorizados en el subconsciente de la gente, y ganar conciencias o convencer políticamente en base a respuestas emocionales.

La expresión «libertad de elección educativa» («school choice») es un ejemplo clásico de esta estrategia de encuadre utilizada en educación. La «libertad de elección» es percibida automáticamente como algo bueno; por lo tanto, la gente está precondicionada a pensar automáticamente que más elección debe ser mejor que menos elección.

Ello hace que argumentar contra «la libertad de elección» sea muy difícil, igual que cuesta mucho no pensar en un elefante.

En lugar de argumentar contra la «libertad de elección» (porque, francamente, no tengo problemas con la «libertad de elección»), vamos a centrarnos en lo que realmente se está discutiendo: cuando nuestro gobierno nos habla de la «libertad de elección», de lo que en realidad está hablando es de privatización.

Por lo tanto, para entablar este debate, vamos a debatir utilizando los términos de la privatización.

Alberta ya tiene suficiente privatización en educación

Somos la única provincia del país con «charter schools» — escuelas de titularidad y gestión privada totalmente financiadas por el gobierno que ofrecen una educación alternativa al margen de las mancomunidades escolares públicas (en Canadá, cada provincia tiene su propio Ministerio de Educación y las autoridades provinciales dan responsabilidad a los llamados «school boards» en la gestión de las escuelas públicas) —. En Alberta, «educación pública» se refiere a las escuelas gestionadas por mancomunidades escolares públicas, autónomas y francófonas.

También destinamos con diferencia mucha más financiación pública para el pago de escuelas privadas que cualquier otra provincia. Financiamos las escuelas privadas al 70% de la financiación base dada a las mancomunidades escolares públicas, mientras que otras provincias dan el 50% como mucho, y varias provincias directamente no financian las escuelas privadas.

Por otro lado tenemos la «educación en casa», la cual está bien pagada con fondos públicos — más de $1.700 al año por estudiante —. De nuevo, bastantes provincias no ofrecen financiación para el llamado «home schooling».

Privatizar más suele ser a expensas de la educación pública

En la última convención política de otoño, el UCP — el partido conservador de la provincia de Alberta que gobierna en este momento — votó a favor de una resolución para implantar el sistema de «cheques» escolares («school vouchers»), los cuales ofrecen financiación pública completa a las escuelas privadas y la educación en casa («home schooling»). Aunque el gobierno afirma que no va a implementar el modelo de cheques escolares, es nítido que quiere seguir con su política de financiar la totalidad de los gastos de funcionamiento de la educación privada. Esto implica que cualquier aumento en la subvención pública a las opciones privadas deberá salir de la financiación existente de las mancomunidades escolares públicas («school boards»).

La privatización profundiza las desigualdades educativas

Basta con revisar la propaganda y promoción de la mayoría de las escuelas privadas para ver que todas tienen aulas reducidas. Es habitual que, de forma conjunta, ofrezcan ventajas significativas en la programación educativa, como realizar actividades al aire libre, atletismo de élite o planes de preparación para la universidad. Estos beneficios conllevan un coste de matriculación que algunas veces rebasa los 10.000 dólares anuales, y llega hasta los 20.000 dólares. Ciertas escuelas incluso se especializan en las necesidades especiales, lo cual significa que las familias que pueden asumir la matrícula acceden a los apoyos que sus hijos necesitan para progresar, mientras que en el sistema público los demás han de suplicar para disponer de los apoyos más básicos.

La privatización subsidiada asegura que aquellos que tienen el sustento para participar en la educación privada — quienes pueden pagar las matrículas o cumplir los estrictos requisitos de inscripción — tienen acceso a las aulas más reducidas y los mejores programas educativos. Esto profundiza las desigualdades que, desafortunadamente, ya existen en la sociedad.

Con el 93% de estudiantes en Alberta asistiendo a escuelas públicas, autónomas y francófonas, la elección está clara. Esa elección es la educación pública, y pienso que la educación pública ha de ser la primera prioridad de nuestro gobierno, especialmente en un momento en que la financiación pública se está reduciendo. La privatización conduce a la desigualdad educativa. Se hace a expensas de la educación pública y, francamente, de eso ya tenemos suficiente.

La primera elección de las familias es la educación pública; espero que el gobierno la elija en primer lugar también.


Jonathan Teghtmeyer se tituló en el año 2000 en educación, matemáticas de secundaria y arte dramático en la Universidad de Alberta (Canadá). Posteriormente, hizo el Máster de las Artes en la Comunicación y la Tecnología de la Universidad de Alberta. Entre los años 2000 y 2007 ejerció la docencia en el instituto de secundaria Wild Rose School y fue profesor de matemáticas, arte dramático y física. Entre 2000 y 2011 fue jefe ejecutivo de personal de «The Alberta Teachers’ Association» (Canadá) y, desde 2011 es coordinador asociado de comunicación de la organización.

Fuente: «EDITORIAL: Privatization is the elephant in the room» - 5/2/2020 - The Alberta Teachers’ Association

Traducción: Redacción de SegregacionEscolar.info.