Artículo publicado en «El Desfiladero» de la Marea Verde andaluza, de David Castro, maestro de educación primaria.

Las crisis muchas veces obligan a trastocar prioridades, forzando un equilibrio permanentemente cambiante entre lo urgente y lo importante. Esta que nos toca vivir, no es distinta, comparte los mismos patrones, replica comunes necesidades que la hacen una situación excepcional, que como insólita y singular, requiere de unas medidas también excepcionales. El ámbito educativo no puede ser ajeno a esta situación.

Desde el 13 de Marzo, familias, alumnado y docentes nos encontramos ante un mar de ambigüedades, cada día más espeso y menos claro, donde sin atisbo de tierra firme y ciegas de horizonte, ni se sabe cómo nadar ni hacia dónde dirigir los esfuerzos, es más, a día de hoy ni sabemos la dirección de las mareas. Ambigüedades y más ambigüedades, muchas comunes en todas las etapas educativas y otras muy específicas y particulares a cada una de ellas.

Sin entrar demasiado en la cuestión de “desigualdad digital” o “carencia de recursos”, ya mucho se ha escrito y leído sobre esto, y se seguirá haciendo, ya que todos los vientos apuntan a esa continuidad de aprendizaje telemático basado en el teletrabajo, opción que se suma como una ráfaga más a este deambular sin horizonte.

Es importante resaltar que en nuestro sistema educativo más del 50% del alumnado de primaria no tienen esa disponibilidad de recursos y su situación personal y familiar no es la más idónea para emprender, menos ahora y a los pies de estos caballos, esta aventura de lo telemático. Ese alumnado y sus familias, ni tienen disponibilidad, ni disposición ni este Sistema que traspasa al educativo, lo permite.

“Es importante resaltar que en nuestro sistema educativo más del 50% del alumnado de primaria no tienen esa disponibilidad de recursos y su situación personal y familiar no es la más idónea para emprender, menos ahora y a los pies de estos caballos, esta aventura de lo telemático […]”

La desigualdad social existente actúa siempre como techo al ascensor educativo, por lo que esta continuidad de aprendizaje online acentúa y a la vez normaliza — ya que enfoca esta como única opción — que nuestro alumnado de las primeras etapas educativas, siendo este el más vulnerable por cuestiones de edad, necesidad de referente, etapa de socialización fundamental, dependencia por falta de autonomía, destrezas sin desarrollar, etc. se siga quedando atrás en su aprendizaje y en lugar de ser una solución, solo sea lluvia y más lluvia sobre su mojada realidad.

“La desigualdad social existente actúa siempre como techo al ascensor educativo, por lo que esta continuidad de aprendizaje online acentúa y a la vez normaliza […]”

Nuestras autoridades educativas andan estos días de reunión en reunión, con el pretexto de buscar la salvación a este final de curso, entiéndase esto de salvar este curso, como algo que no se ha pensado, ni tiene parecido con dar una respuesta equitativa a la necesidad de educación y aprendizaje de todo el alumnado.

Cuando hablo de todo el alumnado, hago referencia a la existencia de las muchas y diversas dificultades de aprendizaje que se dan y tienen cabida en nuestro sistema presencial, dificultades que no todas vienen asociadas a NEE, cuestión importante que nos daría para hablar y reflexionar en profundidad sobre lo telemático y la educación especial e inclusiva.

Sea por falta de recursos, recortes en los medios, necesidad de modificaciones y adaptaciones continuas o imposibilidad de seguimiento e intervención individualizada — no sería difícil seguir enumerando razones —, toda dificultad de aprendizaje no siempre recibe como respuesta más idónea, el abocarnos a la metodología telemática para que todo siga igual en el proceso educativo y se pueda seguir avanzando materia, mantener la disciplina de trabajo, evaluar los contenidos, alcanzar los objetivos, etc.

“[…] toda dificultad de aprendizaje no siempre recibe como respuesta más idónea, el abocarnos a la metodología telemática para que todo siga igual en el proceso educativo […]”

Por el contrario, ello profundizaría en estas dificultades y acrecentaría las desigualdades, convirtiendo de facto el tan repetitivo y resonante “que nadie se quede atrás”, articulado al unísono por todas las esferas administrativas, en un lapidario y lacónico “sigan salvándose quienes puedan”.

En ese querer salvar el final de curso de forma injusta y sin equidad, nuestras administraciones deberían — juntas y guardando la recomendada distancia de seguridad —, telereflexionar y caer en la cuenta que a veces no hay nada peor que una crisis o una pandemia, para mostrarnos el verdadero rostro de la situación en la que encuentra nuestra educacióncon o sin confinamiento — y, por ende, toda la comunidad educativa de nuestra escuela pública.

“[…] a veces no hay nada peor que una crisis o una pandemia, para mostrarnos el verdadero rostro de la situación en la que encuentra nuestra educación — con o sin confinamiento — y, por ende, toda la comunidad educativa de nuestra escuela pública”

Señorías y autoridades educativas que se muestran interesados en esta nueva forma telemática de seguir colonizando la experiencia educativa presencial, donde ven una oportunidad única para que esta llegue y se quede para siempre, no hay mejor momento para el “Business as usual”, sería deseable que manifestasen ese mismo ímpetu en la protección de un sistema educativo público sin recortes y de calidad, donde no falten medios adecuados, recursos necesarios, ni personal para que en esa escuela presencial, contemplada como derecho insustituible, empiecen a cuadrar desde ya todas las cuentas y con todo su alumnado dentro.

Hoy más que nunca es imprescindible saber que el llegar a donde se quiere, casi siempre depende del sitio donde se esté, y esa continuidad — injusta — de aprendizaje que se busca con lo telemático, solo serviría para amplificar las dificultades y desigualdades que ya existen y se dan tanto en el ámbito educativo como en el social.

“Hoy más que nunca es imprescindible saber que el llegar a donde se quiere, casi siempre depende del sitio donde se esté, y esa continuidad — injusta — de aprendizaje que se busca con lo telemático, solo serviría para amplificar las dificultades y desigualdades […]”

Es por tanto prioritario atender lo urgente. Dejarnos de más evaluaciones y lanzar un mensaje de apoyo, calma y serenidad al alumnado y familias. Vayamos preparando lo importante: empezar a pensar y repensar, cómo y desde dónde afrontar el próximo curso, para poner toda la intención y asegurar todas las garantías posibles para que de todo nuestro alumnado, ahora sí, de una forma verdaderamente decidida, ya desde hoy, nadie empiece quedando atrás.