Artículo publicado en «El Desfiladero» de la Marea Verde andaluza, de Olga Amado González, AMPA “Alborán» CEIP “Moreno Villa” de Málaga.

Desde el primer día que se decretó el Estado de alarma, supimos que el estudiar en casa iba a ser una auténtica locura. A la espera de las instrucciones de la Junta, las dificultades se fueron acumulando en muchos hogares : familias en las que alguno de sus miembros caían enfermos, nos mandaban a un ERTE, se quedaban en paro o autónomos/as que tenían que cerrar. Y lo peor, todo ello sin vislumbrar un punto de luz que mostrara la salida del túnel. Y con este maravilloso marco de incertidumbre y angustia, estamos obligados a hacer una vida “normal” para hacer ver a nuestros hijos e hijas que este barco en el que eres la capitana, no se hunde. Salieron las instrucciones, que más que guiar a la Comunidad Educativa, lo que hacían era mandarlas a casa a su suerte.

Nada claro, todos y todas como pollos sin cabeza. La Junta dio por sentado que una casa es similar a una escuela y que la mayoría de madres y padres teníamos la carrera de Magisterio, además de la de Teleco, Ingeniería y salto mortal adelante con el manejo de redes sociales, apps, programas y utensilios online para tele-estudiar y tele-formar a nuestros hijos e hijas. ¡Y yo sin saberlo!.

“Nada claro, todos y todas como pollos sin cabeza. La Junta dio por sentado que una casa es similar a una escuela y que la mayoría de madres y padres teníamos la carrera de Magisterio […]”

Después de varias semanas, lo más angustioso es ver cómo la Junta no reacciona. Ya no pueden excusarse en el atropello de los acontecimientos. Han tenido tiempo de analizar la situación, de consultar con los diversos sectores y agentes de la comunidad educativa y tomar una decisión conjunta. Pero no, es mejor seguir violando derechos de los menores, como el de la igualdad de oportunidades. Porque, hablemos claro y alto: la casa no es igual que un aula de cualquier cole de España. La igualdad que ofrece la presencia diaria en un aula de cualquier cole, no la dan los hogares. Según Unicef, las tasas de pobreza infantil en España son de las más altas de los países industrializados. Por ello debemos entender la desigualdad tan grande que se vive en los hogares.

“Yo como madre de dos críos de 5 y 7 años me he plantado. No expondré a mis hijos a un nivel de estrés y angustia mayor de la que ya tienen porque a un señor empresario llamado Imbroda, que no tiene ni idea de Educación, y menos de la Pública, venga a dar instrucciones sin sentido ni argumentos. Tengo medios digitales, capacidad intelectual y cultural para hacerles avanzar académicamente. Pero no puedo dejar de pensar en aquellas personas que no pueden. Y siempre he sido así. O avanzamos TODOS y TODAS o sería mejor plantearse otra situación”.

Situación que en las escuelas, de forma presencial, no sucede. Las familias nos vimos metidas en la vorágine de actividades, deberes, videos, textos, consejos, manualidades, yoga, refuerzo y avance de materia. Y aquí voy a pararme para hacer hincapié en este tema. En esta situación, el avanzar materia es mandar a la cuneta a miles y miles de estudiantes, si partimos de una desigualdad en los hogares, no es justo el avance de materia. Aquellos con una situación más ventajosa, podrán avanzar y los/las demás a los que les sea completamente imposible, pues se quedarán atrás -debido a aspectos completamente externos los alumnos y alumnas-. Reforzar contenidos dados SÍ, avanzar materia NO.

Yo como madre de dos críos de 5 y 7 años me he plantado. No expondré a mis hijos a un nivel de estrés y angustia mayor de la que ya tienen porque a un señor empresario llamado Imbroda, que no tiene ni idea de Educación, y menos de la Pública, venga a dar instrucciones sin sentido ni argumentos. Tengo medios digitales, capacidad intelectual y cultural para hacerles avanzar académicamente. Pero no puedo dejar de pensar en aquellas personas que no pueden. Y siempre he sido así. O avanzamos TODOS y TODAS o sería mejor plantearse otra situación.

Yo salvaguardaré la integridad física y mental de mis hijos, ya que la Junta no lo hará. La Junta no piensa en los niños y niñas…sólo piensa en tener un montón de funcionarios y funcionarias públicas ocupadas (que por cierto cada vez son menos con los recortes y la interinidad) para que así justifiquen su salario a final de mes. Como si no amortizaran de sobra las horas que invierten, no lectivas en sus alumnos y alumnas todos los santos días, laborables y no laborables en todo el trabajo que realizan: correcciones, programaciones didácticas, manualidades, excursiones y en algo que me saca de quicio… esos millares de documentos, ítems y pamplinas que les hacen rellenar para que los señores y señoras de la Junta queden satisfechos en sus puñeteras estadísticas y estupideces, que más adelante usarán para catalogar escuelas y baremarlas a su antojo. ¡Váyanse a la mierda y dejen enseñar en paz! Son violadores del sentido término más puro de la enseñanza.

Para la mayoría de las familias, las que vivimos ahora la situación día a día, la única solución posible es dar el curso por finalizado. Cuando todo termine, ya veremos ENTRE TODOS Y TODAS, cómo hacemos. Los cursos son repetitivos y por regla general se empieza con un repaso del curso anterior.

“Para la mayoría de las familias, las que vivimos ahora la situación día a día, la única solución posible es dar el curso por finalizado”

Otra cuestión que echo en falta en esta situación, es una respuesta más contundente por parte del gremio de los/las docentes. Es conocido que muchos de ellos y ellas se relamen las heridas, no es una situación fácil y encima se flagelan, otros agachan la cabeza y obedecen a ciegas, otros sólo se miran el ombligo, también echo en falta más autocrítica.

He leído las cartas de las asociaciones de directores y directoras, tanto de Primaria como de los IES, y me ha faltado más contundencia en ellas.

He escuchado a la señora Celaá decir que dotará a los hogares de medios digitales para que puedan seguir formándose, y yo le pregunto: ¿Cuándo todo esto termine, a todas las familias nos va a convalidar estos meses para tener la carrera de Magisterio? ¿O el máster para poder ejercer la docencia? Qué visión más arcaica de lo que significa enseñar, de la palabra en sí misma, ¡qué pena!.